Por Reginaldo Atanay 06/03/2005
Nueva York.- Algunas semanas antes de que los militares dominicanos, en combinación con gentes de distintos estratos sociales criollos apearan del poder político al ex presidente Juan Bosch, el mandatario hizo una visita a México.
Aquella visita de Bosch a la tierra de Don Benito, el respetador de los derechos de los demás, fue histórica. Porque allí, el presidente dominicano se colocó la banda presidencial a la que según él no le tenía afecto, porque a su juicio, era una manera de querer ser distinto a los demás.
Pero el estupendo trabajador de ideas y propulsor de principios, debió someterse a la rigurosidad del protocolo, y en Ciudad de México, lució lo que en tono jocoso llaman los de pueblo a aquella banda, símbolo de poder, “La ñoña.”
A poco de aquello, se produjo el “septiembrazo” que desalojó a Bosch del Palacio Nacional, y los golpistas permitieron que el elocuente político y escritor saliera rumbo a Puerto Rico, donde estuvo bajo la protección de su amigo, el entonces gobernador de aquella isla, Luis Muñoz Marín.
El golpe de estado contra Bosch “se olía” en los corrillos políticos de Dominicana, y alguna gente se extrañó que tardara tanto el entorpecimiento de aquel gran ensayo democrático que con orgullo, exhibía una parte considerable del país.
El golpe era esperado desde antes. Como esperaban también, no mucho tiempo después, que el otro golpe contra el Triunvirato de dos, encabezado por Donald Reid Cabral, se produjera antes de lo que se produjo.
Entre los golpistas del primer golpe, y los del segundo, se interpuso la misma piedra: intransigencias y exigencias entre los conspiradores. Pero en definitiva, se produjeron ambos golpes, con distintos principios como base y, naturalmente, con diferentes actores. Y ambiciones.
En aquellos días previos al derrocamiento de Bosch, oímos en sectores disímiles, que Bosch “quería” que lo derrocaran para “quitarse esa vaina de encima” y seguir en lo que era un maestro, aparte de la narrativa; del cuento: en la teorización. Y crear y diseminar conjeturas.
Finalmente, se produjo el golpe, y el ya ex presidente dominicano fue a soltar tensiones a Puerto Rico, como algunos años después fue a soltar tensiones a Bernidorn, España, tras redactar su “Tesis de Dictadura con Apoyo Popular”, documento que con tanto orgullo transportó desde España hasta Dominicana (con escala en Nueva York) el ex senador por Pedernales, profesor Pablo Rafael Casimiro Castro.
Por “esas cosas de la vida”, –un decir que han acuñado los decidores de cuento–, se dijo luego que cuando Bosch renunció al Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y creó su Partido de la Liberación Dominicana (PLD), entre las razones que guardaba en su coleto (y que luego dijo a sus íntimos) era que no podía estar en asociaciones en donde hubiera gente como Casimiro.
Casimiro Castro, como se sabe, sufrió un terrible atentado que lo dejó primero, al borde de la muerte; y luego, de manera definitiva, con serias lesiones físicas permanentes, y suponemos que también, con grandes lesiones emocionales.
El poder le gusta a la mayoría de los humanos. Por eso abundan tantos políticos. Y es que un político con poder, tiene el apoyo y el respeto (aunque esto último sea disimulado) de las gentes. Y con eso se consiguen prebendas, bienes políticos, sociales, y económicos. Algo parecido (pero con una distancia enorme) a un cura de aldea, en donde siempre tiene asegurados los pollos de su caldo, los víveres, frutas, huevos y diferentes animales con que le rinden tributos los devotos más humildes.
Pero el poder, no es todo el mundo que sabe ejercerlo. Ese trabajo no se estudia; se intuye. Y para tal oficio… “hay que nacer con esa vena”.
Eso recuerda el célebre debate televisivo que sostuvo Bosch por televisión con el sacerdote español jesuita Láutico García, siendo moderador el doctor Salvador Pittaluga Nivar.
Bosch había escrito un artículo en el semanario “Renovación” del periodista Julio César Martínez, externando algunos conceptos medio marxistas. El Padre Láutico, quien meses después adquirió la ciudadanía dominicana, acusaba a Bosch de ser comunista por lo que había enunciado en el artículo.
Bosch, entre las cosas que dijo, citó al dictador Francisco Franco, para acercarlo así a su atacante. Y dijo también que el dictador dominicano Rafael L. Trujillo fue un buen gobernante, porque supo mantenerse en el poder.
Y dijo, desde luego, que él (Bosch) no era trujillista, pero que se refería al principio ese de “mantenerse en el poder”, cosa que a su juicio Trujillo supo hacerlo con maestría.
Bosch, en ese aspecto, no consiguió la maestría pues lo apartaron del poder a los pocos meses de estar en ese sitio.
Ya hemos dicho en otros artículos que en un encuentro que sostuvimos a las pocas semanas de derrocado Bosch, con el doctor José Francisco Peña Gómez, éste nos manifestó que había fallado en su temor de que Bosch no duraría “tanto tiempo” en el poder, debido a su terquedad.
Esa expresión cobró valor ante nosotros, porque en esos días en el país se vendía “como pan caliente” el libro de Bosch “Crisis de la Democracia en América”, y ese libro, su autor, quien permanecía en Puerto Rico al amparo del gobernador Muñoz Marín y del Rector Benítez de la UPR, se lo había dedicado precisamente a Peña Gómez a quien entonces, lo consideraba, “un ejemplo para la juventud”. Luego, cambió ese concepto. Y lo dijo públicamente.
Este trocito de historia acaba de acudir, en estos meses a nuestro entendimiento, al observar la manera continua con que el presidente Leonel Fernández sale y entra al país. Sale, a participar en reuniones a las que bien puede delegar en ministros y embajadores.
Y a manera de complemento continuo, se entretiene en juegos y reuniones deportivas.
En vista de lo que se ve, habrá que consultar con sicólogos y siquiatras, para determinar si lo que el subconsciente del Presidente Fernández quiere, es… dejar el poder.
Meditación
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Casimiro Castro: Un político desafiante
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POR LEONORA RAMÍREZ S.
-DE HOY, MATUTINO DOMINICANO- La contradicción es el hilo conductor de la vida política del profesor Pablo Rafael Casimiro Castro, un hombre al que probablemente pocos recuerdan porque lejanos están sus tiempos de gloria como dirigente del Partido Revolucionario Dominicano (PRD).
Pero cuando este hombre de 73 años abre las puertas de su pasado deja entrever cuan difícil es construir un liderazgo político si no se tienen apellidos sonoros ni fortuna, y de cómo las circunstancias cambian la percepción y la imagen de los políticos.
Su vida está marcada por el atentado de que fue víctima el 4 de mayo de 1967, durante el primer año de gobierno del expresidente Joaquín Balaguer, cuyo mandato enfrentó desde su curul en el Senado como representante de Pedernales.
Las cicatrices en su cara y sus manos son las marcas indelebles de la explosión de una bomba, elaborada con fósforo blanco, que desconocidos lanzaron a su vehículo mientras él conversaba con Yocasta Prandy, en compañía de Manuel Matos Ferreras.
De ese hecho solamente dice que todavía no sabe quiénes lo perpetraron, que no tiene pruebas de que Balaguer lo ordenara pero que el motivo fue por su defensa de las libertades públicas.
Pero su vida política comenzó en 1953, en el parque Duarte, de Santiago, donde pronunció un discurso a favor del dictador Rafael Leonidas Trujillo.
Al relatar esa anécdota se definió como un político de nacimiento que convertía los pupitres de la escuela en tribunas.
Era hijo de Félix Antonio Casimiro y Ana Luisa Castro, un peón y una cocinera, y en la infancia se desempeñó como jardinero y limpiabotas en Quinigua, Santiago, donde nació el 29 de junio de 1933.
Aunque alcanzó reconocimiento social e importantes posiciones dentro del PRD, nunca se ilusionó con la presidencia de la República, porque entendía que una persona con un origen de miseria no tenía posibilidades en el país.
“En una ocasión le dije a José Francisco Peña Gómez que ni él ni yo estábamos calificados para la presidencia, yo por mi pobreza y él por su origen haitiano. Porque la gente no le gusta que la represente un peón, sino el jefe de la finca”.
SUS INICIOS EN EL PRD
Al desaparecer Trujillo el 30 de mayo de 1961 se integró al PRD entusiasmado por la fama de esa organización y por el prestigio del profesor Juan Bosch, y a fuerza de involucrarse activamente en los quehaceres de la entidad fue miembro del Comité Ejecutivo Nacional, de la Comisión Política, Secretario Nacional de Organización, entre otros cargos.
En las elecciones de 1962 resultó electo como senador de Pedernales, cargo que obtuvo por el respaldo de esa comunidad, “porque nadie quería ese destierro y lo acepté, hice un importante trabajo político y ganamos en esa lejana provincia, la cual representamos hasta 1970”.
Luego del golpe de Estado al profesor Bosch, el 25 de septiembre de 1963, se dedicó, junto con Virgilio Mainardi Reyna, a organizar y fortalecer al PRD de cara a otras posibilidades electorales.
Cuando se produjo la revolución de abril de 1965, como consecuencia del referido hecho, Casimiro Castro se unió a los militares constitucionalistas que exigían el retorno de Bosch.
Después de la revolución siguió en el PRD corrigiendo fallas y orientando a la entidad por los caminos que la situación política de la época demandaba, pero su estancia en el PRD tuvo altas y bajas, luces y sombras, y grandes contradicciones.
En ese sentido, algunos no entendieron cómo siendo un acérrimo crítico de Balaguer, en los primeros 12 años de mandato de éste (1966-78), aceptó el cargo de embajador dominicano en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1976.
Lo explica: “Yo fui nombrado por Balaguer pero con la autorización de Peña Gómez”.
A propósito de Peña Gómez dijo que eran como hermanos pero que tenían diferencias, “tuve muchas diferencias en el PRD porque yo no nací para ser gobernado, soy independiente.
“Algunos se alarmaron por el crecimiento de mi liderazgo. Yo llegué al partido con ese mensaje de ser hijo de una cocinera y un peón, pero trabajé, estudié, leí mucho, estudié ciencias políticas en Costa Rica y Nueva York”.
SU PASO POR OTROS PARTIDOS
Casimiro Castro escucha con dificultad, producto del atentado, pero conserva esa actitud del maestro que ordena dónde van los puntos y comas.
Pero parecería que ha olvidado algunos pasajes de su historia política, porque al preguntársele por qué renunció del PRD para pasar al Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) dijo que nunca se ha ido del partido blanco.
Sin embargo, en el periódico El Nacional del 29 de enero de 1992 aparece una declaración suya en la que indica que dimitió del PRD porque éste dejó de ser un instrumento de lucha del pueblo dominicano.
Al juramentarse como miembro del PRSC, ante Arístides Taveras Guzmán, entonces secretario de relaciones internacionales, exculpó a Balaguer de los hechos sangrientos de los doce años, los cuales atribuyó a las contradicciones de la época.
Pero antes, al final de la década de 1980, colaboró con Alfredo Mota Ruiz, quien dirigía el Movimiento Lo que Diga Balaguer.
Desde 1986 hasta el 2000 ocupó el cargo de subsecretario de Interior y Policía, y en 1990 fue candidato a senador por Pedernales, esta vez representando al Partido Revolucionario Independiente (PRI). En el 2000 renunció del PRSC por su oposición a la candidatura presidencial de Balaguer.
SUS MAYORES ERRORES
Casimiro Castro admite que ha cometido algunos errores en su carrera política, pero el principal de ellos es haber pensado que sus compañeros congresistas debían actuar igual que él, “porque yo desafié la realidad y me enfrenté a situaciones difíciles a favor del pueblo”.
“Yo tenia que darle paso a una defensa fuerte y sagrada de los derechos humanos, porque yo fui al senado a buscar gloria personal, a hacer un nombre que yo no tenía porque yo llegué con la dificultad de ser hijo de gente muy pobre.
“Nunca quise saber del robo, nunca tomé nada que no fuese mío y pude haber quedado con muchos millones en mi paso por la administración públicas, pero no me arrepiento de eso porque me queda dignidad”.
LA COYUNTURA DEL PRD AHORA
El antiguo dirigente perredeista da muchas vueltas para explicar por qué el PRD, un partido con 67 años de existencia sólo ha tenido cuatro períodos en el Poder Ejecutivo, uno de los cuales, el del profesor Bosch, apenas duró siete meses.
“El PRD ha estado poco tiempo en el poder, con relación a sus años de vigencia política, porque los pueblos les exigen a sus gobernantes muchas cosas que están por encima de sus posibilidades.
“Pero también ese partido ha cometido errores de apreciación y conducción, y esos errores salen caros, por eso se pone tan difícil llegar al poder”.
Casimiro Castro no está del todo fuera del accionar político, porque se integró al proyecto de Miguel Vargas Maldonado, el precandidato presidencial del PRD.
Lo respalda porque se ha convencido de que en ese partido no hay otra persona que garantice el triunfo de esa entidad en el 2008.
Milagros Ortiz Bosch, la contrincante de Vargas Maldonado en el PRD, es vista por Casimiro Castro como una mujer sobresaliente, de recia personalidad, pero el momento histórico no es el indicado para que ella se postule por la presidencia de la República.
“Aunque los tiempos han cambiado, ella es mujer y el país no tiene experiencia en gobiernos femeninos, además de que la mayoría de los votantes no se identifica con una mujer para el poder ejecutivo, porque prevalece el machismo, y yo soy machista”.
LOS POLITICOS VISTOS POR CASIMIRO CASTRO
Casimiro Castro se define como un conocedor de la política y en tal sentido consideró que algunos políticos dominicanos no son más que imitadores.
“Pero también los hay sin vocación, en tanto agitan el horizonte político sin vocación y sin cultura para manejarse adecuadamente dentro de una empresa eminentemente política.
“La mayoría de los políticos dominicanos son atrevidos improvisadores, que no toman la ciencia en cuenta porque la desconocen y no pueden aplicarla. Recurren con frecuencia a la improvisación y la emulación de otros líderes improvisadores también, por cuyas causas están descartándose para hacer un papel político de conformidad con los dictados de la materia”.
¿Pero se puede aplicar la ciencia política en un país donde prima el clientelismo?
“Sí, claro que se puede, pero asimilando la práctica, porque la política es ciencia y arte, y para mí es más arte que ciencia, y el verdadero político es sun artista”.
DE TRUJILLO A LEONEL
Desde Trujillo al presidente Leonel Fernández, Casimiro Castro tiene una definición política. La de Trujillo es la más lacónica: un hombre de mano dura.
A Balaguer lo definió como uno de los políticos más brillantes del mundo, independientemente de los errores que cometió.
De Antonio Guzmán expresó que era un agricultor con vocación política pero sin escuela, “pero fue serio, trabajador, honrado con el partido, y cumplió su papel cuando le tocó gobernar en 1978”.
Salvador Jorge Blanco, quien gobernó de 1982 a 1986, expresó que es un hombre culto y brillante políticamente, “lo respeto mucho pero acepto que se parcializa en la amistad, porque que personas que no merecen un buen tratamiento lo consiguen de parte de él, pero no quiero poner ejemplos”.
Del Presidente Fernández dijo que posee una elocuencia excepcional y una metodología especial para explicarle al pueblo los problemas políticos, pero “Pero es un político diletante, soñador, no tiene los pies sobre la tierra”.
A Hipólito Mejía lo consideró como un hombre difícil de comprender, un político práctico que las cuestiones políticas las trata con su sencillez personal, lo cual lo lleva a cometer errores de apreciación sin llegar al extremo de olvidar los problemas del pueblo.
A Juan Bosch lo catalogó como uno de los políticos más serios y honrados de los pies a la cabeza.
Casimiro Castro tampoco fue muy locuaz al definir a Peña Gómez, pero manifestó que tenía condiciones excepcionales, “tuvimos algunos problemas pero yo le toleraba todas sus malacrianzas porque él tenía muchos problemas encima”.
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Angel Miolán, Padre Nacional
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Desde la izquierda aparece, Don Ángel Miolán, Ignacio Caraballo y Franklin Domínguez Cruz.
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Escrito por Lara Valerio