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Opinión

¿ Conservador?

Por Antonio Almonte Clave Digital 3/5/2008

Para el Presidente Fernández, los cambios serán fruto de la evolución vegetativa de la sociedad, y esa es, precisamente, la marca inconfundible del conservadurismo político.

SANTO DOMINGO, República Dominicana.-En días pasados, hablando en la tele, el Presidente Fernández puso de manifiesto su conocida habilidad para lucir como que va de frente a los temas, pero, al final, le da un rodeo y lo acomoda a su dialéctica de propaganda.

El doctor Leonel Fernández intentó minimizar la creciente percepción entre analistas y politólogos acerca de su posicionamiento ideológico como un político conservador. “No entiendo qué significa eso”, comentó, y a seguidas señaló que “de lo que se trata es de una estrategia para ganar las elecciones”. Se estaba refiriendo al amasijo de grupos y personajes que ha logrado arrastrar en su carrera pro reelección.

Pero, ese no es el punto…La preocupación de esos analistas se refiere al contenido de sus políticas y acciones de gobierno y, también, al estilo y alcance de sus maniobras para ganar aliados circunstanciales.

Al Presidente Fernández, aparte los discursos, no se le ha visto encabezar una estrategia a fondo para reconvertir de verdad el desastroso sistema educativo dominicano; el precario e inequitativo servicio de salud pública, ni mucho menos en la aplicación de planes para la creación de empleos entre una juventud que esta emigrando en masa hacia cualquier destino del mundo.

Ni siquiera en el sector eléctrico, a pesar de incontables seminarios, talleres y comisiones, ha hecho nada que no sea darle vuelta a la Noria.

Es decir, que en esencia, para el Presidente Fernández, los cambios serán fruto de la evolución vegetativa de la sociedad, y esa es, precisamente, la marca inconfundible del conservadurismo político.

La consecuencia de esos “descuidos de Estado” es que padecemos hoy una desbordante delincuencia, saturación social de los hechos de drogas y se ha alcanzado un nivel de corrupción en la administración estatal que ha motivado a funcionarios del gobierno de Estados Unidos a considerarla como la causa básica del auge imparable del narcotráfico.

En esas condiciones, ser líder rebasa el esquema de jugar a la popularidad y la manipulación de la gente. En ese punto, líder significara proponer políticas renovadoras y encabezar, literalmente, acciones para cambios a fondo, de formalidades, conductas y estructuras obsoletas.

Ello implicaría reorientar las prioridades de inversión publica, y, por otro lado, atreverse a afectar intereses creados, de vieja data y asentados en un equilibrio de poderes sustentado a su vez, en una injusta distribución de ingresos, corrupción oficial y la exclusión. Ser conservador, en nuestro país, significa cerrar los ojos ante esa realidad y preferir hacer galimatías y cuentos con números sobre la “estabilidad macroeconómica”.

Las políticas que cambian para siempre la faz social de una nación, son las que tienen a la gente como punto de partida y de llegada. La gente como la fuerza de transformación basada en educación de calidad, seguridad y respeto a sus derechos y participación en las acciones públicas.

Felipe González, por ejemplo, se diferencio en su tiempo del conservadurismo español, no por su edad o los colores del PSOE, sino por la aplicación de reformas profundas en seguridad social, reconversión industrial, transformación del sistema de educación y de ciencia y tecnología, así como el respeto irrestricto al etho democrático, que no es más que el apego a las leyes y la garantía de la vigencia de la separación entre los asuntos de interés público y las cuestiones o aspiraciones de índole privada o sectaria como suele ser la campana reeleccionista de un Presidente y su partido.

Esa ruptura con las practicas y usos del pasado político español fue lo que caracterizo como progresista la época de Felipe González, no fue el tren de Alta Velocidad (AVE), ni la Expo de Sevilla, ni mucho menos las Olimpiadas de Barcelona .

Ser conservador desde el Gobierno, en la República Dominicana, es continuar impávido por la ruta abierta el siglo pasado por el Doctor Balaguer: construir grandes obras según su caprichoso arreglo de prioridades, y dedicar muy, pero muy poco en inversión en la gente como no sea el chorreo de pesitos y funditas.

De manera, que si por los hechos lo conoceréis, el Presidente Fernández es, a pesar de su retorica, un tipico gobernante conservador.

(*) Doctor en Ingeniería Física Nuclear.


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Acerca de Lara Valerio

Fui técnico de perforadoras de tarjetas de 80 columnas en 1975, profesor de matemáticas del nivel medio, me gradué de ingeniero electricista. Entre 1979 hasta el 86 realicé un montón de cursos de sistemas informáticos. Trabajé en importantes proyectos de redes e internet. Espero que este fructífero acervo tecnológico sirva para el desarrollo socio-económico, la educación y las buenas prácticas de la democracia.

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