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Democracia

Carta a Leonel Fernández, II

Doctor Leonel Fernández Reyna
Presidente de la República Dominicana

La Juventud dominicana tiene este tétrico panorama político y socioeconómico como un reto. Tiene ante sí una excelente oportunidad, sin condicionamientos ideológicos e historiográficos, para la construcción creativa de una Sociedad donde La Soberanía Popular y sus mecanismos de participación sean eficaces.

Usted pertenece a ese grupo de iluminados dominicanos que conoce las raíces de la Era de Trujillo.  Además, dispone Usted de un talento político incuestionable, de una plataforma partidista bien articulada y de una gestión de la propaganda muy eficaz.

Cuando esos factores convergen con el interés cohesionado de los poderes fácticos tradicionales y con prácticas políticas seudo democráticas, se engendra una maquinaria  tan subyugante y prolongada como la de cualquier régimen totalitario, igual al de Santana, Buenaventura Báez, Lilís, Trujillo o Balaguer.

Por eso, cuando Balaguer dijo “Trujillo no ha muerto…”, durante el panegírico ante el inerme cadáver del Jefe, ¿quién sabría si expresó una premonición o echó una maldición al pueblo dominicano?

El eslabón subsiguiente a la Era (1961-2009) es un régimen político vigente que durante 48 años se limita al desarrollismo, al monumentalismo, a un proceso de institucionalización en zigzag, al clientelismo social y al arbitraje clerical anti-constitucional.

La ley 5785, la que en el año 1962 confiscó los bienes de la familia Trujillo, el derrumbe de las efigies del Jefe y la persecución tenaz a los paleros, fueron sólo rabietas populares aupadas por los cívicos. Pero la verdad es que la cultura trujillista continúa como el eje transversal que permea a la sociedad dominicana y que trasciende a su principal pionero, Trujillo.

La proclamación de Juan Bosch a la presidencia, 1962, sólo fue un fugaz resplandor del régimen liberal. Manolo, Las Mirabal y el Movimiento 1J4 fueron transformados en signos alegóricos al martirologio, cuya función es semejante a la imagen del Che que exhibe un roquero o un rapero. Pocos reivindican el programa político de la Raza Inmortal, ni siquiera los familiares de esos héroes y heroínas.

La Gesta Constitucionalista del año 1965, para la reposición del gobierno de Juan Bosch, fue sólo una breve epopeya heroica y patriótica que sucumbió ante las fuerzas arrolladoras de un imperio y la oligarquía dominicana.

La gestión gubernativa de Balaguer fue un puente para que los nuevos propietarios de las fuerzas productivas y financieras asumieran su rol socioeconómico y cohesionaran sus intereses con la Embajada, el clero católico, la claque política, la clase militar, el  neo trujillismo, los corredores financieros internacionales y las sectas de narcotraficantes y lavadores.

La gestión gubernativa del PRD peñagomista no pudo ser más inexperta, conflictiva, ineficaz y decepcionante. Si bien auspiciaron reformas estatales excelentes, propias de un régimen liberal, ellas no están consolidadas. Los fundamentos, mística y valores originarios del PRD fueron socavados por sus propios líderes, debido a luchas internas estériles que obstaculizaron el surgimiento de una visión política coherente. Y como colofón, restauraron el reeleccionismo presidencial y se burlaron de las reformas constitucionales.

¿Qué fue la Izquierda? ¿Que fue esa entidad político-social de ideología fragmentada? ¿Qué fue esa izquierda dominicana objeto de la vorágine de la Guerra fría, el guerrillerismo y las rencillas intestinas?

Sus signos más respetables son sus mártires que llenos de valor y heroísmo no escatimaron esfuerzos para el alcance de un ideal por la democracia y la transformación socioeconómica.

En 1973 surgió aquella estrella amarilla desde un horizonte morado que ofreció   una alternativa ante el dilema decimonono de escoger entre un gallo y un buey. Mas, esa alternativa no sólo devino más allá de un Gallo, sino que amenaza conducirnos hacia el umbral del “totalitarismo del siglo XXI”. Como ironía, ese derrotero se sustenta sobre cientos de millones de dólares chavistas y los mega enriquecimientos a costillas del erario.

Doctor Fernández, el favoritismo y la falta de transparencia en la gestión de los recursos públicos es letal para el sistema democrático y la competitividad de la economía dominicana. Además, eso es una estafa que más tarde o más temprano se penaliza.

La secuela más inmediata de esta debacle social es que gran parte de la sociedad dominicana está auto censurada por temor o hace una genuflexión indecorosa ante el poder omnímodo de los recursos públicos. Y esas actitudes no sólo son propias de los tránsfugas y los reformistas que evocan en Usted a un Balaguer chiquito. Incluye, además, a una nueva aristocracia mediática, cuyo apóstol es el nazi Joseph Goebbels.

No es viable la democracia en una sociedad donde exista una exclusión rampante por motivaciones políticas, más en un contexto donde la mitad de su población sea indigente o subempleada. No es viable la democracia en un país donde la Suprema Corte de Justicia sea inoperante ante asuntos constitucionales. Tampoco es viable la democracia cuando el sistema judicial decide al amparo de conciliábulos políticos y presiones de poderes sombríos.  No es viable la democracia cuando el Poder Ejecutivo gestiona en forma relajada y sin transparencia la mitad de los ingresos fiscales, es decir, el equivalente de un 14 por ciento del PIB. Ni mucho menos donde existan tantos consorcios y monopolios sin control.

La juventud dominicana se merece la convivencia en una sociedad futura sin castas políticas o económicas que lo subyugue todo, hasta la dignidad personal y la libertad de pensamiento. Si parodiamos a su admirado Chomsky, afirmamos que el garrote fue a Trujillo lo que la propaganda es a la seudo democracia dominicana. Tampoco es viable la democracia con un poder legislativo postrado en forma extrema al Poder Ejecutivo y limitado a la repartición de barrilitos con recursos públicos.

La juventud dominicana merece una sociedad abierta al desarrollo del pensamiento, a la tecnología y a la excelencia en la educación, sin cortapisas de la propaganda política o religiosa ni el escamoteo de recursos.

En el sistema democrático, los principios, los valores y las instituciones sólo son referencias de un nivel cualitativo. Mas, si las prácticas diarias de un poder del Estado socavan la integridad de la constitución y de las instituciones, condicionan a los demás poderes estatales, condicionan el ejercicio de la ciudadanía y coartan la libertad de expresión, entonces no estamos en la democracia, sino en el umbral del Totalitarismo del siglo XXI.

Y a eso es que nos conduce ese engendro de nueva constitución que se trata de imponer al margen de mecanismos de participación popular eficaces como La elección de una Asamblea Constituyente y el subsiguiente referendo de aprobación de cambios constitucionales.

La economía de la democracia no puede sustentarse con significativas fuentes de divisas originadas en las remesas de los dominicanos que generalmente desafiaron al Canal de la Mona, tanto en el tráfico de drogas como el lavado de dinero, los malabares del financiamiento externo y el socavamiento de los fondos de pensiones. Recordemos que más adelante vivirán los niños y niñas y jóvenes de hoy. Sólo le pido que evoque las “genialidades macroeconómicas” de Carlos Salina y Menen, las cuales engendraron las crisis del Tequila y el Tango respectivamente.

La Juventud dominicana tiene este tétrico panorama político y socioeconómico como un reto. Tiene ante sí una excelente oportunidad, sin condicionamientos ideológicos e historiográficos, para la construcción creativa de una Sociedad donde La Soberanía Popular y sus mecanismos de participación sean eficaces.

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Acerca de Lara Valerio

Fui técnico de perforadoras de tarjetas de 80 columnas en 1975, profesor de matemáticas del nivel medio, me gradué de ingeniero electricista. Entre 1979 hasta el 86 realicé un montón de cursos de sistemas informáticos. Trabajé en importantes proyectos de redes e internet. Espero que este fructífero acervo tecnológico sirva para el desarrollo socio-económico, la educación y las buenas prácticas de la democracia.

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